La Empresa Metropolitana de Abastecimiento y Saneamiento de Aguas de Sevilla, junto a la Fundación de Investigación de la Universidad de Sevilla, trabaja para dar respuesta a una sociedad con necesidad de participar en la toma de decisiones

Cada vez con más fuerza, la ciudadanía quiere tener una participación más activa en la vida pública y, además, que esta no esté limitada únicamente a los procesos electorales. Para dar respuesta a una sociedad que quiere ser más partícipe y colaborativa, uno de los mecanismos que se están impulsando desde las administraciones y empresas públicas son los procesos participativos.

 

La Empresa Metropolitana de Abastecimiento y Saneamiento de Aguas de Sevilla (Emasesa) ha querido ser punta de lanza y, junto a la Fundación de Investigación de la Universidad de Sevilla (FIUS), trabaja en el desarrollo e implementación de un modelo de evaluación participativa de sus políticas públicas, sometiendo, así, a diagnóstico su plan estratégico.

 

«Dar participación a la ciudadanía implica legitimar las actuaciones de las administraciones»

La democracia representativa, basada en la idea de que los ciudadanos sólo deben actuar cada cuatro años cuando son convocados a las urnas para elegir a los representantes políticos, se percibe insuficiente para hacer frente a las reivindicaciones sociales, a las incertidumbres y a la complejidad de los problemas más importantes de la sociedad. Por eso, cada vez con más fuerza, se plantea la necesidad de un rol más activo de la población en las cuestiones públicas. De ahí que la participación ciudadana sea una condición para mejorar la calidad democrática de las instituciones, por lo que diversos autores destacan la idea de que la participación es democracia y la democracia es participación, no pudiendo darse la una sin la otra.

 

La evaluación participativa de las políticas públicas de Emasesa se configura como la herramienta clave para la mejora continua de su plan estratégico y como vía para impulsar la eficacia de las actuaciones implementadas por la empresa, en tanto facilita la adopción de una estrategia orientada a resultados, la detección de buenas prácticas para la mejora continua y la optimización del proceso de toma de decisiones.

«Dar participación a la ciudadanía implica legitimar las actuaciones de las administraciones», indica José Luis Osuna, uno de los catedráticos integrantes de la Fundación de Investigación de la Universidad de Sevilla en la Cátedra Carlos Román. Así, para este experto en evaluación participativa estas actuaciones «que no vienen impuestas por ley, sino que son decisiones exclusivas de la directiva, en este caso de Emasesa» aportan coherencia y cohesión y aproximan la política a una ciudadanía «cada vez más formada e informada».

UN PLAN ESTRATÉGICO PARA LA MEJORA DE LA GESTIÓN

La evaluación, en el nuevo marco estratégico de gobernanza de Emasesa, es una herramienta que no sólo persigue verificar y enjuiciar el logro de resultados que en materia de gestión integral y sostenible del agua se obtengan, sino también de explorar los factores que contribuyen a alcanzarlos, a fin de facilitar la replicación de las intervenciones exitosas. De este modo, Juan Casero, otro de los expertos pertenecientes a la Cátedra Carlos Román de la FIUS que trabaja con Emasesa, asegura que «la participación ciudadana aporta valor, así como conocimiento y aprendizaje, tanto individual como colectivo», añadiendo que «los procesos participativos con sus diálogos entre agentes permiten adelantarse a situaciones conflictivas que pudieran darse».

Es por ello que la evaluación participativa se enfoca hacia la identificación de elementos de mejora y la corrección de debilidades que pueden venir derivadas tanto de la propia lógica de planificación, relacionados con la conceptualización y diseño del plan estratégico y de sus actuaciones, como de su propia aplicación o gestión. En consecuencia, la evaluación va mucho más allá de explorar el número de actuaciones implementadas o presupuestos ejecutados por parte de Emasesa.

«El resultado de nuestra investigación social volverá a esos participantes para ser ratificado»

Y es que, lo que diferencia un proceso participativo en investigación social es buscar a los elementos representativos que tengan algunas características: legitimidad, conocimiento, involucración y capacidad de decisión. «Cuando los agentes que buscamos participan de un proceso para tomar decisiones, entonces estamos ante un modelo participativo que requiere todavía una cuestión añadida: que el resultado de nuestra investigación social vuelva a esos participantes para ser ratificado», explica José Luis Osuna.

En este caso, la evaluación se sitúa como instrumento indispensable para lograr la calidad máxima en la gestión pública sostenible del agua mediante la aplicación efectiva de los principios de eficacia, eficiencia, racionalidad y coherencia, transparencia, flexibilidad y legitimidad.

Para Juan Casero «un proceso participativo debe ser un proceso diferente, necesario y abierto. Diferente porque no es lo habitual. Lo habitual es que las administraciones y las empresas públicas, hasta los últimos años, tomen decisiones sin mirar a la ciudadanía, aunque el usuario sea el eje o el centro de sus actuaciones. Necesaria porque la ciudadanía cada vez está más formada y es más exigente, con lo cual es una necesidad, y también es abierto porque no debe partir de elementos previos».

Así, los integrantes de la Cátedra en Emasesa utilizan una metodología que pasa por el fortalecimiento de la evaluación y la comunicación y la implantación de indicadores con sesiones donde se ponen en común las conclusiones extraídas para garantizar que la información resultante sea útil y utilizable.

«Aún necesitamos más pedagogía ya que muchas veces no se entiende lo que son los procesos participativos», asegura Casero, quien expone que «Emasesa está llevando a cabo un nuevo modelo de gobernanza con instrumentos claros como el Observatorio del Agua».

La participación ciudadana ha llegado para quedarse y el futuro será mejorar estas actuaciones e instrumentos, así como sus usos y resultados. Para estos expertos en evaluaciones públicas, se trata de un derecho que ya es imposible quitar a los ciudadanos. «Los gobernantes hoy día tienen una situación muy difícil porque la realidad se mueve de manera inmediata», indica Osuna, quien parafraseando al catedrático de la Universidad de Barcelona Joan Subias, asevera que «aprender juntos es una exigencia» y, por lo tanto, todo aquel que quiera gobernar o gestionar tendrá que hacerlo «de la mano de la ciudadanía», como está haciendo actualmente Emasesa.